El Castillo de Loarre como fondo de la web

Con textos de www.castillodeloarre.org, el Castillo de Loarre es un resumen de la historia en que un decidido rey aragonés (Sancho Ramírez) gana el favor del Pontífice y el reconocimiento internacional de su incipiente reino: un precursor del movimiento “europeísta” en la península Ibérica.

Es el momento de la construcción del donjon del castillo, la mejor pieza, destinada a morada del Señor de la fortaleza (El propio Dios) que se plasma en la magnífica iglesia de San Pedro. Solo la catedral de San Pedro en Jaca superaba en grandiosidad al templo loarrés. En Aragón coinciden la conquista del solar del reino y el momento de difusión por toda Europa del arte románico.

El monarca propició la consecución de este magnífico conjunto religioso-militar, recreciendo el castillo lombardo erigido en torno al año mil por su ascendiente Sancho III el Mayor de Navarra como defensa ante los musulmanes del llano, ya en la cercana fortaleza de Bolea.

Estabilizado el reino y perdida su función, muchos de estos conjuntos religioso-militares de los que Loarre es paradigma cayeron en el olvido, sirviendo como magníficas canteras para la construcción de los pueblos o soportando nuevas guerras.

LLUVIATambién en esto es excepcional Loarre.

Posiblemente dada su difícil orografía y por quedar alejado de los centros de poder del momento, el 15 de mayo de 1505, se trasladó definitivamente la parroquia desde el castillo a Loarre pueblo, llamado entonces “El Burgo de San Esteban” . Por tres veces vendido o empeñado por los soberanos aragoneses, a Violante, abadesa de Trasobares, cupo el triste honor de rendir la plaza en 1413… Loarre se desvanece en la historia a partir de 1486, en tiempos de Juan II.

Rescatado del olvido por el escritor y viajero menorquín José María Quadrado en su obra Aragón en 1884, dio pie a que varias generaciones de románticos se fijasen en él. Fué declarado Monumento Nacional el 5 de Marzo de 1906.

Pasear por el castillo, recorrer sus rincones, disfrutar con el magnífico arte Románico-Jaqué que rebosa en la construcción de su Iglesia-donjon y destila en cualquiera de sus capiteles, saborear la cuidadosa y monótona uniformidad de los muros lombardos, emocionarse contemplando el tríptico de ventanales geminados de su torre más exquisita, descubrir una escondida inscripción de cantero con el nombre de Sancivs, o con epigrafía arcaica, proporcionan un sinfín de inquietudes y momentos placenteros para los espíritus sensibles.

Este castillo tiene mucho de lo que ya antiguamente los egipcios crearon como personalidad jurídica autónoma, la fundación: un patrimonio, unos fines y unas actividades, un patronato que vigila por su mantenimiento y por hacerlo perdurable y los ciudadanos dispuestos, si quieren, a recibir información, y ejemplo de su historia.

No he nacido en Aragón sino en una tierra también de castillos, pero sobre todo de olivos como es Úbeda, pero todo lo anterior me ha movido a escoger este castillo como “fondo” de mi trabajo, aunque también hay otros motivos, no menos importantes: soy secretario de la fundación Castillo de Loarre, elaboro y edito desde 2005 la revista del castillo, mi mujer ha presidido durante diez años la asociación de los Amigos del Castillo de Loarre, y sobre todo, ella es de Loarre.

Sin comentarios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.